El Tarot, como tal, no es un culto. Las cartas no se veneran, ni la práctica del oráculo demanda ritos iniciaticos ni teología alguna. De hecho, desde su iconografía misma, las cartas del Tarot son una suma de tradiciones religiosas y conocimientos iniciaticos y psicológicos; un resumen, un sincretismo que almacena y aplica estrategias para conocer y explicar la naturaleza humana.
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