Como tengo esa suerte que tengo, mientras cenaba he tenido que soportar una entrevista a la nueva princesa del pueblo, y no porque el título nobiliario haya cambiado de manos, sino porque la que ya lo era, es una nueva persona. Le han cambiado la cara.
Y hablando de pastores, no puedo dejar pasar la frase que en Copenhague ha firmado el increíble zetapé. La Tierra no pertenece a nadie, salvo al viento.

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