A la noble agripina, nieta de augusto.
Dedicado a Daalla y a cuantos luchan por la memoria histórica. Cuando a despecho del emperador Tiberio llevaste hasta Roma las cenizas de tu difunto esposo, cuando cerraste tus oídos a las recomendaciones de cautela y tu corazón se negó a rendirse al miedo, diste una doble lección a los romanos: la primera, que la dignidad de los difuntos compromete la dignidad de los vivo —
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