Lo de algunos árbitros españoles no tiene nombre y posiblemente ni siquiera apellido. Es posible que tampoco sea de ellos toda la culpa, sino de quienes los mandan. ¿Para qué sirve tanta concentración y tanta unificación de criterios si después cada cual interpreta el reglamento como le viene en gana?
Tras ver el Zaragoza-Atlético de Madrid me reafirmo cada vez en mis convicciones. A l

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