Pablo abre la puerta de casa. Dentro, silencio. No hay nadie que le dé las buenas noches. Tan sólo un par de insectos esquivos, que sistemáticamente huyen en cuanto enciende la luz.
Pone la tele. Una voz femenina repasa la actualidad con una marcada entonación nasal. Accidentes, secuestros, estafas y otros terrores cotidianos forman el runrún amable que le acompaña mientras sirve un bol de sopa precocinada. Sus digestiones son pesad

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