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Adalberto y Raimundo entre flores de campanilla

En los parterres de la plaza han reventado las campanillas sembradas en abril, blancas, exuberantes, descontroladas; llenando cada átomo de tierra, creciendo, asfixiando, plagándolo todo como una mala yerba. Hay algún tipo de belleza, y sobre todo, una supuesta bondad cubierta con piel de cordero o con blanco de campanilla, que en cuanto asoma la patita, nos sorprende por su capacidad de pudrirlo todo hasta la nausea, por secar los corazones y helar la sangre. —No nos pueden hacer perder la dignidad, ni muchos menos la perspectiva. Adalberto es pequeño; mucho. Cómo Napoleón Bonaparte dice él, haciendo ver impúdicamente sugrandeza a los demás. La modestia es una falta que Adalberto consiguió eliminar de su persona pronto, cuando le cambió la voz más o menos. Se soñó una noche junto a una encina seca, sobre nubes rojas, con las manos levantas y extrañamente ataviado con una pollera encarnada, gritando: —A Dios pongo por testigo de que nunca volveré a pasar desapercibido. Desde entonces es la salsa de todos los ...
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