A partir de este momento queda prohibido el uso, la fabricación, el almacenamiento y la venta de estas armas que afectan en un 98% de los casos a población civil. Tras más de dos años de campañas de presión, conferencias internacionales y negociaciones, finalmente el tratado es un realidad. “Es un gran avance en materia de desarme, para la promoción de los derechos humanos y para ayudar a contener la inseguridad y el sufrimiento causado

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