Corría el año 1987, cuando me enteré de que habían montado unas llamadas salas de cálculo en la Universidad de Ciencias de Zaragoza, allí se encontaraban los Mackintos, ordenadores personales a disposición de los alumnos.
Corría el año 1987, cuando me enteré de que habían montado unas llamadas salas de cálculo en la Universidad de Ciencias de Zaragoza, allí se encontaraban los Mackintos, ordenadores personales a disposición de los alumnos.