Aristócrata, rico y joven, Karl-Theodor zu Guttenberg parecía la estrella en ciernes de la política alemana. Su biografía no albergaba mácula, aunque tampoco preparación ni experiencia, cuando en febrero Angela Merkel pensó en él para enfriar una patata caliente: el ministro de Economía, Michael Glos, había dimitido por considerarse marginado en la gestión de la crisis financiera, y el nombre del joven barón saltó al ruedo. En sólo unos meses
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