Vender el alma era un consejo poco amigable, una amenaza que al otro lado de la línea telefónica un hombre con voz disgustada exigía al hoy procesado Antonio Bellavista, exjugador de la Associazione Sportiva Bari, un club de fútbol italiano. Hablaban de Marco Paoloni, arquero de un pequeño equipo de segunda división llamado Benevento Calcio, de la región de Campania.
Algo malo hizo Paoloni para que alguien estuviera pensando en ponerle

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