Aquella tarde llegué a casa del trabajo para almorzar al filo de las tres y media, como cada día. Tenía recién cumplidos los veinticuatro años y todavía no llevaba ni un año trabajando en Tussam, la empresa donde ahora voy hacer treinta y uno de antigüedad.
Tenía que culminar algunas tareas antes de acudir al instituto Mart

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