Hubo un tiempo, hace casi treinta años, en el que muchos niños y adolescentes querían ser arqueólogos cuando se hicieran mayores. Habían visto “En busca del arca perdida” y habían sentido el gusanillo de la aventura, la emoción del peligro y el triunfo de su héroe. Querían ser como él, emular sus
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