Apagué el motor de la lancha y estábamos en medio de la laguna. Sobre el agua se reflejaba la luna llena de aquel 8 de febrero de 2012. Fue una noche fría en la que no hubo testigos. Tú estabas inconsciente, tirada, mojada, empapada de sangre, atada de las manos, con la cara hichada y los ojos cerrados. No fue necesario taparte la boca, antes te había cortado la garganta para callar tus gritos y empezaste a morir.
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