Un traspaso de poderes nunca es comparable a un camino de rosas. En la mayoría de las ocasiones, los recién llegados al cargo se quejan de la aparición de deudas que se desconocían, o de malas prácticas ignotas hasta el momento de hacerse con el poder. El aterrizaje de Juan Ignacio Zoido en el Ayuntamiento de Sevilla tiene pinta de convertirse en un buen ejemplo de ello.

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