Mi iniciación en la lectura de poesía vino a través de cuatro libros, y bastante espaciada en el tiempo. El primero fue Bécquer y sus Rimas, en la primera adolescencia. Aquello fue una revelación absoluta, un paladeo constante y diario, febril, casi enfermizo; yo fui un adolescente comedido, pero quizás ese hundimiento en Bécquer fuese lo más parecido al descontrol hormonal del púber, aunque en la más absoluta intimidad. Me aprendí to
Benedetti o sobre lo confuso del aprendizaje [14]
3 años · Escrita desde Santiago de Compostela, España · Comparte:
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