Antes que nada, comienzo con un disclaimer: detesto al PRI. Lo detesto porque es un partido cuya única ideología es la corrupción, y cuya avaricia por el poder no tiene límites ni escrúpulos. No siempre fue así. Hubo un tiempo donde el PRI – con todos sus vicios – contribuyó sustancialmente para lograr la estabilidad nacional y el progreso socio-económico. Bajo el PRI, específicamente durante las administraciones de los dos Adolfos (R

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