Odio tener que hacer de chófer acompañante de alguien que sale de compras. Sobre todo si es domingo y, aunque tenías pensadas hacer unas cuantas cosas, las dejas pendientes y agarras el coche para hacer la ruta de los centros comerciales. Y no me refiero a ir de tienda en tienda sin rumbo fijo, sino cuando buscas algo concreto –llamémoslo blanco– y te suceden situaciones como la que sigue.
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