En su tarea de esclavo y amante satisfizo a cuanta mujer le tocó complacer. Su fama se extendió por toda la fortaleza y llegó a oídos de la reina que lo hizo llamar a su presencia.
Solamente la familia real tenía el privilegio de disponer de un hombre a su servicio exclusivo. La princesa octetafera Pigritia IV estaba ya en edad de procrear

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