Al parecer el hombre se ha divertido más con su propia lengua que con cualquier otra cosa, y por esta misma circunstancia le ha fascinado la vida de los demás. También el futuro, y de esa manera fue que surgió la cábala, el vaticinio y la profecía.
Se ha dicho, tan acertadamente, que cada era tiene sus profetas y en cada era nos vemos atraídos hacia los que osan ver el futuro.

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