Después de leer Público ayer, me cogí un cabreo de tres pares. Y perdonen ustedes si hoy sale algún exabrupto, pero estoy que me subo por las paredes. Todo el día de ayer sin poder escribir una entrada (las que salieron en Kabila estaban programadas) por un acontecimiento bloguero importantísimo del que les daré cuentas a ustedes próximamente –ahora tengo que soltar las bilis de la mala leche—, y he permanecido veinticuatro horas echando peste
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