Pero no por la crisis económica y financiera, que nos aprieta los cinturones hasta imposibilitarnos la respiración. A juego con la crisis de un sistema cuestionado en las calles por las gargantas de cientos de miles de ciudadanos que exigen acabar de una vez con la farsa. Los mensajes políticos entonces se ven obligados a cambiar, a adaptarse a las nuevas circunstancias, si es que saben. Sobre todo en un partido, el PSOE, que

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