Hay una belleza alejada de la perfección de las esferas, de la línea pulida de las piedras, del trazo exacto o la palabra precisa. Es una belleza en la que la parte salva al todo, como cuando el color de unos ojos nubla la desproporción desmañada de la cara. Es una belleza que depende en gran parte del que mira.
The Wrestler (Darren Aronofsky, 2008) no es una película bien hecha; su g

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