Ayer asistí por la mañana a un acto de esos de entrega de diplomas al aire libre (más de 2.500 en este caso), rodeado de familiares de los protagonistas que se empeñaron en ir a coger sitio 2 horas antes, por lo que el asunto se convirtió en varias horas de pie como una vela.
Más allá del acto en sí, lo que marcó mi mañana (después de haber dormido poco la noche antes, debo confesarlo), fue el escuchar continuamente, por no tener otra

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