La vida del bloguero es muy triste. Solo casi siempre, delante de la pantalla brillante del ordenador, con el sonido de las teclas como única compañía. Volcando en la red los pensamientos, ilusiones, fantasías y sueños. Lo dicho: muy triste.
Si tienes suerte un día alguien te lee. Eso no pasa mucho, la verdad. Pero pese a todo, es la única razón por

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