Un empresario me contaba el otro día lo siguiente: tenía un pequeño estudio de arquitectura donde daba trabajo a unas cuatro personas. Tres de ellas se las llevaron hace dos años otros estudios, cuando todavía había un “boom” en la construcción. Se ha quedado con una persona.
Ha tenido suerte porque no ha pasado por el mal trago de tener que despedir a sus colaboradores. No hay trabajo.

Entrar