Amarillo
Saliendo ayer tarde de la oficina me encontré un manto amarillo, lluvia de hojas secas. Cubrían casi por completo los parabrisas de los coches estacionados. Igualito que lo cuentan los poetas, pero con coches. Sí, existe lo que cuentan los poetas. Lo vi. Aún cayendo marchitas parecían divertirse, pegaditas unas a otras. Yo me siento desde hace días así, pero no tan arropado. Mi enfermera... —
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