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contenido Apuntarse al gimnasio y luego no ir

La conciencia de Ronald McDonald lo intentó Hay épocas del año que son muy propicias para que la gente se apunte a un gimnasio. Suelen ser a principios de algo: de curso, de año o del calor. Es decir, son épocas en las que la gente mira hacia abajo mientras se está duchando. “Ahí va, qué gorda… La barriga” Los dueños de los gimnasios lo saben bien y por esa razón durante esos meses las matrículas son gratis. La matrícula de un gimnasio es el precio a pagar si eres poco avispado. Casi siempre la regalan para animarte a entrar. Así pues, se unen ambos conceptos: lorzas acuciantes, presión social y gancho del gimnasio. Te apuntas y ya está todo hecho. ¿Todo hecho? Por supuesto. Ya que pagas estás obligado a ir. O eso repite continuamente tu cerebro. “Hasss pagaaddoooo, tienes que iiirrr”. La conciencia hace acto de presencia y se apodera de tu cuerpo, que contra todo pronóstico responde y apareces por allí, dispuesto a darlo todo cada día. Porque los objetivos o son a lo grande o no lo son. “Iré todos los días, ...
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