Oh sí. Esos años mozos que nos hemos pasando maqueando paneles publicitarios en paradas de autobús y carteles en las paredes, con los típicos dibujos de mocos colgando, gafas y bigotes postizos. Esos años en que uno saca el rotulador, le pinta un diente de negro al careto del anuncio a la vez que dice: “Juju, ¡qué malote!”.
Pues bien, esos chavales crecen y su arte prospera, madura, busca nuevos límites. Y no sé si los han encontrado, p

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