Con el régimen paralizado y la calle revuelta, en Berlín Este el poder estaba en el suelo. Dependía más de la calle que de los despachos, pero aun no se sabía. Desde principios de junio la apertura húngara propiciaba un multitudinario éxodo de ciudadanos hacia Austria, con embajadas de la RFA llenas de refugiados y un flujo creciente de manifestaciones y desafíos. El cancerbero moscovita no hacía nada contra aquello y aplicaba la Doctrina Sina
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