¿Quién no empezó su día con esta frase alguna vez? El desgaste por la actividad, la falta de un descanso o actividades verdaderamente relajantes, la merma de la motivación y los problemas cotidianos pueden llevarnos a decir estas palabras con mayor frecuencia. Normalmente un día de desgano profundo no es motivo de alarma, pero si este estado se prolonga hay que poner manos a la obra para poner un equilibrio en nuestro trabajo nuevamente.
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