Pinochet no sólo no expió sus crímenes antes de morir, sino que creó una macabra tendencia que parece que Fèlix Millet está aprendiendo con rapidez. Cuando el juez Baltasar Garzón ordenó el arresto del ex presidente chileno en 1998, desde el círculo cercano al dictador se empezaron a enviar mensajes que buscaban la empatía de la comunidad internacional hacia un enfermo y senil militar que había acudido a Londres a operarse.
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