Cuando solicitas la ciudadanía estadounidense, y también cuando viajas allí como turista, te hacen completar un formulario referente a inmigración. Al rellenarlo todo el mundo se sorprende de encontrar preguntas absurdas, de esas que piensas «¿quien es tan estúpido como para contestar “yes”?».
Pero resulta que, como no podía ser de otra manera, las preguntas sí cumplen una función.

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