En ocasiones pienso que el oficio de cazador de tendencias está a la misma altura que el de presidente de una nación. Aunque suene superficial (y puede que lo sea), ambos tienen unas responsabilidades de cara a las masas que nadie en su sano juicio querría.
Personalmente, no me gustaría verme en el pellejo de los primeros. En parte, porque no tengo esa capacidad para discernir entre el bien y el mal; desde mi

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