Con los ojos bien abiertos
No era justo, nadie merecía un final así. Venía corriendo por un bosque lleno de árboles inmensos, saltando los troncos caídos y esquivando las ramas bajas que parecían querer detenerlo. Corría con la velocidad imposible que imprimen el miedo y la certeza de que estaban cerca. Saltó por encima de una pequeña laguna y tropezó del otro lado con una piedra cubierta de musgos, se incorporó y... —
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