Qué vergüenza. Que los franceses se rían de nosotros en un guiñol es pura anécdota y deberíamos tomarlo con deportividad porque para sacarnos los colores nos bastamos nosotros. El guiñol del Tribunal Supremo ha superado con creces el esperpento con una sentencia infame y prevaricadora, la del miedo y la hipocresía. Garzón recurrirá ante el Constitucional.
Es un aviso a navegantes: que ningún juez se atreva a investigar la corrupción, ese

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