A quien le tenga bien calculada la medida a mis largas piernas, y pueda recorrerlas de la punta de mi dedo chiquito del pie derecho hasta la cadera sin que se le reseque la lengua a falta de saliva, a quien con un beso robado me baje un par de estrellas del cielo, a quien me lleve a cenar a la luz de las velas en el edificio más alto con la luna como única linterna, a quien sepa la circunferencia exacta que alcanzan mis rodillas abiertas, a qu
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