En días pasados, a regañadientes acompañé a una amiga a una tienda de lencería erótica a comprarse un estrafalario y exótico atuendo, que disque para endulzarle los ánimos y los ojos al individuo de sus preferencias. Como en este momento carezco de ganas y sobre todo de centavos para andar zarandeando la libido, me rehusé al principio pero termine por ceder.
Sin embargo, al entrar y ver tanto encaje, listón y transparencias, ganas no me

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