Cuán difícil resulta a veces aceptar aquello que nos define, nos determina. Aquello que constituye nuestra esencia, nuestro ser.
Es verdad que el rechazo, la no aceptación, no lo crea el individuo. O la menos no lo hace solo. Lo crea el entorno. Lo crea la definición de valores predeterminados, predeterminación elaborada por unos pocos. Lo crea la prevalencia de los pocos sobre los muchos. Lo crea, en

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