Aún y sea en contra de toda forma de la lógica y la producción, el jefe es el que determina qué y cuándo se modifica. No importa que el jefe entienda como “cambio” los movimientos cosméticos de un lado a otro de los muebles, o que se trate de prohibiciones que vuelvan denso el aire de la oficina: todo cambio que se le ocurra al jefe es vital.
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