El viejo Dickens escribía a pulso febril. Podía hacerlo en cualquier lado, incluso en el salón de su casa, rodeado de parientes y amigos. En mitad de una conversación era capaz de despegar la pluma del papel, levantar la vist
El viejo Dickens escribía a pulso febril. Podía hacerlo en cualquier lado, incluso en el salón de su casa, rodeado de parientes y amigos. En mitad de una conversación era capaz de despegar la pluma del papel, levantar la vist