Parece mentira pero llevamos ya 10 años huérfanos de Gila, aquel señor flaco que cogía el teléfono y le preguntaba al enemigo a qué hora iba a atacar. Como otros grandes cómicos, como Buster Keaton, como Chico Marx, Gila no se reía nunca porque sabía que el humor es algo demasiado serio para tomárselo a

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