No quiso morir un domingo por no hacerle un feo a su nombre. Así que, nada más asomaron los primeros rayos de sol del lunes, respiró aliviado y se dejó ir. Dio unas bocanadas al aire y abrió los ojos, por última vez, para guardar en la retina el rostro de la que había sido su compañera durante los últimos cuarenta años. Luego, los elevó al cielo y dejó de respirar. No oyó el "noooo" de ella, que
Domingo de Domingo
1 año · Escrita desde Santa Cruz de Tenerife, España · Comparte:

Entrar