Adaptar un clásico de la literatura supone siempre un riesgo. Si para cualquier libro de moda ya de por sí se erizan cuantas afiladas garras en cuanto consideren han prostituido la historia, peor es aún cuando la novela es considerada un clásico por el planeta entero. Los ortodoxos, con toda seguridad, pedirán la cabeza del blasfemo.

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