Una pareja de ancianitos llega a un restaurante. El viejecito llenaba a la ancianita de atenciones, y se dirigía a ella con palabras de inmenso cariño: “Ven, mi vida”, “siéntate, mi cielo”, “¿estás a gusto, reina?”, “¿qué quieres pedir, ángel?”.
El mesero observaba aquello y estaba impresionado. Poco después la viejecita se levantó de la mesa para ir al baño. El mesero, sin poderse contener, va con el ancianito y le pregunta:“Pe

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