Con la de agua que está cayendo, las calles de muchas ciudades y pueblos se han convertido en verdaderos ríos. En las grandes urbes, el deporte nacional consiste en evitar las salpicaduras de los coches cuando pasan cerca de las aceras.
Uno sale a trabajar con sus mejores galas y, en cuestión de segundos (lo que dura un semáforo), puede encontrarse con un mini-tsunami de agua alquitranada que le deja hech

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