Nacho Vigalondo quería realizar un cortometraje y no tenía dinero. Al enterarse de que la Eusko Jaurlalitza concecía subvenciones a los jóvenes cineastas, quitó las pegatinas a la caja de su guitarra española, pegatinas de Paz y Amor y de Smiley, y se presentó en San Sebastián, en una sala donde un grupo de ceñudos vascos estaba pasando la mañana escuchando guiones y sandeces.
Ayúdanos a hacer de Bitacoras.com un servicio mejor para todos. Lee nuestros consejos.
Ningún usuario registrado ha votado aún.

Entrar