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contenido El condenado al que se le conmutó la pena de muerte por no poderlo ejecutar… en tres ocasiones

Cuando John H.G. Lee fue sentenciado a la pena de muerte, le dijo al juez: La razón por la que estoy tan tranquilo es que yo confío en el Señor y él sabe que soy inocente. Y parece ser que el Señor, el destino, la suerte – o vete tú a saber qué – creyeron en su inocencia porque no se pudo ejecutar la sentencia dictada. Pero echemos marcha atrás en esta historia. John H.G. Lee nació en Abbotskerswell, Devon (Inglaterra) y muy pronto dejó la escuela para ponerse a trabajar como sirviente de Emma Keyse, en la cercana aldea de Babbacombe. En 1879, abandonó la casa para enrolarse en la Royal Navy y, tras pasar unos años en la cárcel por robo, en 1884 regresó para volver a trabajar para Emma Keyse. La mañana del 15 de noviembre de 1884 aparecía el cuerpo de Emma Keyse con la garganta seccionada, tres heridas en la cabeza y parcialmente quemado. Como era de esperar, las sospechas cayeron en el servicio y, concretamente, en John Lee; ser el único hombre en la casa en el momento que se produjo el asesinato y tener una...
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