Si por mor de algún artilugio de magia don Ramón María del Valle-Inclán hubiese recobrado por un momento el latir y hubiera asistido al Pleno del Ayuntamiento de Sevilla celebrado ayer, su decepción habría sido mayúscula al descubrir, más de noventa años después, que su esperpento ha sido tan superado en la escenificación diaria que hacen nuestros políticos que apenas ha quedado como una viñeta de humor con poco tino.

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