La chica ahogó un sollozo. Y yo, a su espalda, me sentí empequeñecer. Sentí pequeños mis sueños, pequeños mis problemas, pequeña mi vida pequeña. Por la aguja de la epidural que le estaba poniendo (para que no le doliera físicamente parir a su hijo muerto. Quién pudiera ponerle epidurales en el alma), fueron pasando a mis dedos, a mi sangre, sus anhelos de los primeros meses, la primera vez que
El feto muerto
2 años · Escrita desde Santa Cruz de Tenerife, España · Comparte:
Ayúdanos a hacer de Bitacoras.com un servicio mejor para todos. Lee nuestros consejos.
Ningún usuario registrado ha votado aún.

Entrar