Onek, el baranda de la gran tribu del ciervo cojo, miró de soslayo al recién llegado. Se fijó en su porte y actitud de superioridad, en las delicadas y bien curtidas pieles que le vestían. Su complexión delgada, revelaba que la caza no era su actividad predilecta. Era joven, apenas debía de haber vivido 19 inviernos. Portaba un excelente zurrón de piel de venado replet
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